Fútbol Si, y siempre... Pero no a cualquier precio y comportamiento, aprovechando la fiel pasión de sus seguidores.
Me gustaría pensar en el fútbol, como aquel sueño de infancia que fue.
Quisiera volver a sentirlo como el deporte de entonces, donde su magia formaba un dúo perfecto, con mi deportiva y temprana ilusión.
¡Quisiera recobrar de nuevo la sensación de aquellas emociones, volver a vivir sinceros aplausos como entonces, ver a una grada pendiente de un espectáculo deportivo sin distracciones que lo rodeen, vibrar con los abrazos sentidos de la gente, verlos poder animar a su equipo en libertad!
Me gustaría creer, que las rivalidades entre aficiones solo se rigieran por el latir del corazón; sin que las distintas lenguas, inducidas por intereses sectarios de urnas y bolsillos, enturbiaran aquello que siempre consideré, como un simple juego.
Para que así.
La policía solo fueran simples espectadores en las gradas, sin tener que estar pendientes de los los demás.
Hoy, el fútbol.
Es como, "un elenco de actores a medida con estrellas bien pagadas, segundos actores de reparto, y miles de extras que actúan en escenas de alto riesgo, suplicando su humilde papel en este guión adaptado, de una misteriosa película con guión y apuestas precocinadas, donde atrincherados negocios, y teléfonos inquietos con maletines que vuelan cada final de liga con destinos diferentes, y sucias intenciones, manchan con su distinguida y encubierta porquería, la grandeza del balón.
El fútbol actual, es.
Un deporte convertido en "desinteresadas intenciones", movido por la inercia de una " protegida y controlada privacidad de aquellos que lo veneran a muerte", en tal de no perder de vista las ganancias de "sus buenas acciones" por el bien de la afición a la que se deben , con la "sana intención" de seguir presumiendo de su riqueza consentida, y sortear sus compromisos normales con una hacienda -"que es de todos"- y ser disculpados incluso de cumplir con nuestra bendita seguridad social .
Lamentablemente, y de forma incomprensible.
Todo ello.
Con el permiso del abnegado y silencioso respetable.
Que aun conociendo "sus lindezas", sigue aplaudiendo apasionadamente, aupando a sus colores sin rechistar.
En fin, amigos.
De la cantera, los árbitros, y de "los grandes ejemplos presentes que nos quedan por ensalzar". Ya hablaremos otro día con más tranquilidad.
La indiferencia no nos hace mejores, a la hora de defender aquello que amamos, si aquello a lo que amamos, nos impide mejorar incumpliendo nuestras reglas de sociedad.