domingo, 29 de junio de 2014
nunca podremos sentir la lluvia permaneciendo escondidos tras el cristal
Las palabras son esas formas personales de definir la vida con expresiones cálidas y agridulces que vuelan de boca en boca intentando hacerse entender a través del tiempo.
Los momentos que vivimos son esas constantes vitales que se mantienen o alteran, conservando o deteriorando nuestras relaciones de existencia en un solo mundo compartido, tan maravilloso e increíble, como injustamente diferente.
Los éxitos y los fracasos que obtenemos son meros sucesos que a menudo decoran cada instante del recorrido, rodeando de aparentes sensaciones y sorpresas, los hechos futuros que nunca llegan a suceder tal y como imaginamos, disfrutando de nuestras emociones más sinceras, dentro de nuestra engañosa realidad.
La cotidianidad, y el miedo a perder o ganar, se estrenan cada día con las mismas dudas de siempre, a las que, naturalmente, ya estamos totalmente acostumbrados.
La soledad se hace cada vez más patente en nuestro entorno digital y deshumanizado, conectados por kilómetros y kilómetros de fibra óptica y pantallas táctiles multicolores, que se iluminan junto a nosotros sin cesar.
La importancia de las cosas acaban sucumbiendo ante la ligereza de eternos minutos y masificadas ceremonias de intercambio de razones, que incluso hasta a nosotros mismos, nos cuesta llegar a entender.
La apariencia de este coso multicolor al que llamamos "vida avanzada", se disfraza constantemente entre idiomas y pensamientos distintos, bajo el anonimato consentido de las personas y sus voces escondidas sin retorno, ignoradas, o criticadas sin cesar. Sin apenas llegar a conocernos.
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