martes, 12 de mayo de 2015

cosas de mi pensamiento





A veces tenemos tanto miedo de reconocernos  a nosotros mismos, que nos negamos a abrir las puertas de otros mundos desconocidos, no sea que allí encontremos, otras nuevas posibilidades.




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Para poder soñar, y sentir que vives tus fantasías a través de tus sueños.
Dos cosas son necesarias:
Romper cada noche con tus pensamientos; y asegurarte de tener los ojos bien cerrados.



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La soledad, a veces también es ese breve espacio de tiempo en el que mil miradas se cruzan, y todos fingen mirar hacia otro lado.



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Cuando llegas a entender que la confianza es el regalo más preciado que puedes ofrecer a los demás, tus dudas, y una mirada decepcionada, ya te han hecho comprender que es demasiado tarde.



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De pequeños nos enseñan que la diferencia entre iguales, es el mayor de los errores.
Más tarde, y al llegar al mundo adulto. Algunos suelen desaprender lo bueno aprendido, haciendo de la indiferencia y su despotismo. El signo más cruel de sus debilidades.











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Cuando el caballo conoce de memoria el camino, es hora de soltar las riendas, y dedicarnos a disfrutar de la belleza del paisaje.





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Aún con la máxima reflexión, no siempre conseguiremos dejar de elegir la decisión equivocada.
Pero al menos, nadie nos podrá reprochar que fue una locura no pensarlo.




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Olvídate de todo aquello que te frena, y recuerda todo lo mucho que te hace sentir bien, para no parar de creer en ese viaje con dirección a tus sueños, sin dejar de confiar en cada momento de ti.






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Puedes volar con ellos de vez en cuando jugando a compartir vuestra imaginación.




Correr junto a ellos para ofrecerles tu mano siempre que te necesiten, en los momentos difíciles de sus vidas, sin llegar a interferir en la libertad de sus pasos, ni pretender competir, contra las arriesgadas y deseadas decisiones de sus pensamientos.






Solo así; y en tu intento de ofrecerles el mejor futuro que merecen y deseas para ellos.
Tal vez aspiren algún día, y acaben por conseguirlo.
Ser ese tipo de padre, con el sano defecto de dejar a sus hijos vivir libremente sus vidas.
Tan soñadores, comprensivos, y queridos en su futuro; como para ellos intentaste; y quisiste serlo tú.

sábado, 18 de abril de 2015

son momentos que llegaron a existir





Las fotos siempre mantienen intactos aquellos sentimientos que existieron en nuestras vidas.
Ellas no entienden de amores destrozados ni separaciones.  No conocen las desavenencias surgidas, o la pereza entre encuentros frecuentes, que se apagan poco a poco, o acaban, con relaciones familiares de costumbre, agrandando su distancia con el tiempo.



Las fotos nunca dejan de recordarnos quienes fuimos, y aquello que pudimos sentir en cada momento, cuando cada elección de vida, contaba como una decisión acertada en nuestro pensamiento.



Las fotos son realidades de unos hechos que ocurrieron; son el rastro de un pasado reciente, o el recuerdo de un instante lejano, que dejamos aparcado en el olvido sin saberlo.


Las fotos son emociones que pudimos disfrutar. Son ilusiones pasajeras que volaron decepcionadas, o deseos maravillosos que se cumplieron.





Son el testimonio de cosas importantes que vivimos. El reflejo de muchas esperanzas que apunto estuvieron de abrazarnos, sin llegar a saber nunca, qué hubiera podido suceder.




Las fotos son imágenes de vida, donde cada cual intenta destacar a su modo, la belleza de su naturaleza. Son poses robadas de calle cuando jugamos a sorprendernos unos a otros. Ellas reflejan constantemente nuestras emociones, y desvelan los secretos de nuestra imaginación.









Las fotos son la imagen de una extraña infancia que fue creciendo con nosotr@s, y ya no nos pertenece. Aquell@s niñ@s que fuimos. Las inocentes miradas de equell@s adolescentes soñador@s.

El placer de una sonrisa amiga cazada al vuelo; la nueva experiencia de vida; el comentario comparativo entre iguales; la ilusión en instantes del viaje vivido; el regalo ofrecido y recibido; una intranquila sospecha del pensamiento; la sufrida evidencia de unos celos; un encuentro fugaz entre amigos que empiezan a conocerse; el principio y la razón de un nuevo amor que está a punto de nacer.    




Las fotos son motivo de delirios de grandeza para crecidos famosos.
Pugna de egos personales, y pasión desenfrenada para admiradores activos.
Decepciones y alegrías para impacientes y ansiados coleccionismos.
Envidias atormentadas para aquellos que no entienden, lo triste que es pasarse la vida intentando copiar y emular, otras felicidades ajenas, olvidando inventar el guión de su propia felicidad.



Las fotos son sin duda. Esas silenciosas huellas de nuestros pasos. Son recuerdos recientes que tienden a envejecer con los años. La simple identificación de nuestras formalidades. El obsequio más preciado de aquellos que aprenden a amar y apreciar, los porqués de su contenido. Un premio merecido para corazones que se sienten correspondidos. El recuerdo añorado de los seres queridos que perdimos. La prueba de una existencia en la que cada cual vivió lo mejor que supo y pudo, cada intenso minuto regalado por el tiempo.









Las fotos nos resultan tan cambiantes en su significado cada vez que reseteamos nuestros pensamientos con el paso de los años, que apenas casi volvemos a verlas sin pretender juzgarlas, haciéndonos dudar entre los momentos que dejaremos caer en el olvido, o aquellos que decidimos 
guardar para siempre.






De nada sirve arrepentirse de ellas, lamentarse, maldecirlas, ni romperlas o quemarlas por despecho. Aunque cada cual es muy libre de hacerlo por los motivos que sean, si eso les sirve de ayuda para sentirse mejor. (Comprensible en determinadas y nefastas ocasiones) 



Las fotos son escenas sinceras de vida que ocurrieron simplemente en su momento. 
Pensamientos escondidos que cambiaron sus promesas al final de su juego.
Miradas de pasión que se fueron apagando lentamente al dejar de entender la palabra respeto, sustituyendo  las caricias y los besos con los que se enamoraron, por miedos, engaños, odio, rencor, y desprecio.


Lamentablemente, y a pesar de que las fotos no hacen más que recordarnos el momento. Son fechas señaladas que se perdieron en el siempre temido duelo de las razones.
Celebraciones que murieron decepcionadas, de esos días importantes de una vida, cuando nuestras voces solían sonreír al anunciar gritando, cada segundo de nuestra entonces, eterna e inmensa felicidad.




Las fotos que un día nos hicimos, no tienen la culpa de nuestros cambios personales con el tiempo.
Ellas son solo eso. Simplemente momentos de nuestras vidas que se fueron. 
Experiencias multicolores dibujadas en el aire que volaron a favor o en contra del viento.
Miles de gestos personales que quedaron recogidos mientras transitaban sus caminos.
Sueños en mate y brillo, con distintos tamaños de papel.
  



Os deseo las mejores fotos en este mundo donde cada destino es tan incierto, como la propia relatividad de los buenos o malos recuerdos que al final lo acompañan.



    ¡Procurad disfrutar de vuestra felicidad!